Mide tu comida
.... Mide tu bebida
............. Mide tu peso ...
Mide…
.... mide …
............ mide…
Mide tus palabras...
..........Mide tus sonrisas...
...................... Mide tu enojo...
Mide…
...........mide …
......................mide …
.....M
.......... ...i
...................... d
.............................. e
............ ......... ......... ...Hasta que no quede nada de ti…
Maria Fischinger @ 2007
jueves, 19 de febrero de 2009
domingo, 8 de febrero de 2009
El Barba Azul Aymará
En una tarde asoleada en la fría amarillenta puna que se extiende sobre la meseta del Altiplano puneño, Marcela, una joven aymará cantaba un huayño mientras con sus manos expandía y estiraba la lana para luego enroscarla en su rueca que con manos expertas hacia girar rápidamente.
Sus múltiples polleras oscilaban con cada uno de sus pasos. Con la primera pollera había formado un bolsillo enorme donde cargaba la lana que hilaba. Marcela a sus 25 años ya era considerada una solterona en su comunidad.
Los terrenos estaban recién sembrados y ella debería de cuidar los sembríos hasta el tiempo de dar tierra a las matas, entonces los miembros del ayllu se juntarían. Esos tiempos de trabajo, eran tiempos de alegría y fiesta. La comunidad compartía las labores del campo en las que se seguían usando la raucana y la chaquitaclla tal como lo hicieron los abuelos y los padres de los abuelos además del arado.
Al pasar por uno de corral Marcela tropezó con un niño de nueve años que estaba sentado descansando con la espalda recostada en la pared. Marcela lo miro con cuidado. La ropa sucia y empolvada denunciaba que había caminado mucho y dormido en la intemperie.
-¿Qué haces aquí?
- Estoy de paso- respondió el niño sin ponerse nervioso ya que parecía no importarle el no tener permiso para estar allí.
-¿Dónde están tus padres?
- No tengo padre ni madre, soy huérfano y ando buscando trabajo.
- ¿Cómo te llamas?
- Anselmo
-Quédate conmigo, yo también estoy sola en el mundo al igual que tú, yo seré tu madre y tú mi hijo y así seremos una familia pequeña y nos ayudaremos mutuamente.
Anselmo, después de pensar un momento, aceptó. Con el paso de los años la relación entre Anselmo y Marcela cambió en la intimidad pero siguieron manteniendo la apariencia de ser madre e hijo adoptivo.
Los años fueron dejando su marca en el cuerpo de Marcela mientras que el muchacho gozaba de la lozanía de su juventud.
Durante una estación de cosecha Anselmo no pudo dejar de mirar a Micaela. e insistió en que ella fuese la que recogiera las papas que él iba desenterrando.
Unos días después cuando Marcela extendió la manta y sacó el charqui, la tunta, la papa y mezcló el chaco con un poco de agua. Anselmo estaba cabizbajo pensativo sin querer probar bocado.
-Marcela, tú siempre serás alguien muy especial en mi vida, pero, yo he pensado que debo de seguir mi camino.
-Recuerda, yo soy tu mamá y tú eres mi hijo.
-Me apena decirte esto pero la Micaela me gusta, quiero pedirla en sirvinacuy; quiero empezar una familia. Me gustaría tener hijos y tú no puedes tenerlos.
Marcela entendió que Anselmo quería un hogar, deseaba un hijo que ella no le había podido dar. Entendió que era el momento de actuar como una madre comprensiva y no como la mujer despechada. No quería perderlo. Nunca lo había visto así, tan enamorado.
-El próximo domingo iremos a pedir a la Micaela. Llevaremos unas libras de hojas coca y una caja de cerveza y tú escoge un becerrito y una ovejita que les ofreceremos a sus padres. Diremos que deseamos s respetar las costumbres de nuestros ancestros y ella tendrá que venir vivir con nosotros.
Marcela y Anselmo fueron a pedir la mano de Micaela tal como habían planeado. A Micaela también le gustaba el Anselmo y aceptó el compromiso.
Los jóvenes se amaban, congeniaban y comprendían. Después de unas semanas Micaela anunció que estaba esperando un hijo. Anselmo desde ese momento parecía caminar en las nubes y se esmeraba en cuidar y mimar a la futura madre de su hijo.
Faltando poco para que naciera el bebé Marcela anunció que necesitaban vender algunos de los productos de su cosecha para poder adquirir lo que necesitaban para el bebé. Anselmo debería ir solo al mercado.
El domingo indicado, después de almorzar muy temprano, Marcela se encargó de preparar el coccahue para Anselmo, mientras que la pareja colocaba las cargas sobre las llamas y los burros entre bromas y juegos.
-No tardaré mucho -dijo Anselmo y salió arreando los animales; lo vieron perderse en el horizonte.
Micaela se fue a pastear el ganado y al regresar, escuchó que Marcela la llamaba al dormitorio.
- Micaela, hija te necesito, ven.
Cuando Micaela entró en el cuarto, Marcela comenzó a golpearla con una pala.
- Mala mujer, me has quitado mi marido, eres una mujer fácil.-le gritaba. Micaela por su avanzado estado de gravidez no podía defenderse ni correr de su atacante y pronto quedó inconsciente.
Marcela no paró hasta asegurarse de que estaba muerta.
Con la misma pala empezó a cavar una fosa cerca de los pies de la cama hecha de piedras y barro al estilo de los ancestros. La tarea era ardua, la fosa debía ser profunda o los perros desenterrarían el cuerpo.
Cuando estuvo satisfecha de la profundidad del hoyo comenzó a arrastrar el cuerpo de Micaela; estaba tan absorta en su labor que no vio llegar a Anselmo el que dio un grito de dolor y, sollozante corrió abrazar el cuerpo de Micaela.
-¡Qué has hecho con mi Micaela!
-Ella me robó mi marido- contestó Marcela con toda frialdad.
-No puedo denunciarte, tú me has ayudado cuando yo no tenía a nadie- sollozaba Anselmo viendo que no podía devolverle la vida a su amada. Resignado ayudó a enterrarla.
Con el paso de los días el dolor de la perdida fue disminuyendo y reanudó su relación de pareja con Marcela. Para explicar la ausencia de la joven esposa dejaron correr el rumor de que Micaela se había escapado a Bolivia con un amante.
Anselmo volvió a fijarse en Juanita otra joven muchacha a la que pidieron en sirvinacuy. Juanita y Anselmo no congeniaron y pronto comenzaron a discutir. Anselmo se cansó de las peleas y las discusiones y pidió ayuda a Marcela para solucionar esta situación.
Anselmo se escondió en el dormitorio y Marcela llamó a Juanita al cuarto. Cuando Juanita entró, Anselmo la golpeó en la cabeza y ambos continuaron golpeándola hasta asegurarse de que estaba sin vida; esperaron la noche para enterrarla en el corral, así los vecinos cercanos no los podrían ver mientras cavaban la fosa.
Llegaron unos años de sequía y los miembros del ayllu comenzaron a sentir los estragos de la escasez de sus cosechas. Los curacas se juntaron y preguntaron a las hojas coca, a los anchanchos la razón de la sequía. La respuesta fue que un miembro del grupo había cometido varios crímenes que no habían sido castigados por la ley de los hombres. Fueron descartando uno por uno todos los integrantes del ayllu hasta llegar a Marcela y Anselmo; les pareció insólita la cantidad de esposas que él había tenido en sirvinacuy y que habían desaparecido sin ningún rastro.
La explicación que ambos daban ya no les parecía aceptable y nadie se acordaba haber visto por sus tierras a hombres extraños en camino hacia Bolivia.
Los curacas pidieron una investigación legal. Al excavar los terrenos de la propiedad de Marcela se encontraron veinte cuerpos en diferentes estados de descomposición.
Marcela durante el juicio insistía entre sollozos que ella era la única culpable y que Anselmo era inocente de todo y suplicaba compasión para su hijo adoptivo.
-Esa mujer es la que ha hecho todo, yo no sé nada de lo que pasó a esas mujeres. Esa vieja es celosa y no quiere que me vaya. Yo no sé nada -insistía Anselmo sin inmutarse.
Se le pidió a Marcela, una frágil y delgada anciana que jalara un costal de papas con el peso equivalente a un cadáver y no pudo moverlo del sitio.
-¿Qué haces cuando quieres mover un bulto como ese? tú no puedes moverlo- le preguntó el Fiscal
-Yo tengo que llamar a mi hijo para que lo mueva- respondió Marcela.
Marcela y Anselmo fueron condenados a prisión perpetua.
Maria Fischinger
Del libro debajo del sol y la luna
Sus múltiples polleras oscilaban con cada uno de sus pasos. Con la primera pollera había formado un bolsillo enorme donde cargaba la lana que hilaba. Marcela a sus 25 años ya era considerada una solterona en su comunidad.
Los terrenos estaban recién sembrados y ella debería de cuidar los sembríos hasta el tiempo de dar tierra a las matas, entonces los miembros del ayllu se juntarían. Esos tiempos de trabajo, eran tiempos de alegría y fiesta. La comunidad compartía las labores del campo en las que se seguían usando la raucana y la chaquitaclla tal como lo hicieron los abuelos y los padres de los abuelos además del arado.
Al pasar por uno de corral Marcela tropezó con un niño de nueve años que estaba sentado descansando con la espalda recostada en la pared. Marcela lo miro con cuidado. La ropa sucia y empolvada denunciaba que había caminado mucho y dormido en la intemperie.
-¿Qué haces aquí?
- Estoy de paso- respondió el niño sin ponerse nervioso ya que parecía no importarle el no tener permiso para estar allí.
-¿Dónde están tus padres?
- No tengo padre ni madre, soy huérfano y ando buscando trabajo.
- ¿Cómo te llamas?
- Anselmo
-Quédate conmigo, yo también estoy sola en el mundo al igual que tú, yo seré tu madre y tú mi hijo y así seremos una familia pequeña y nos ayudaremos mutuamente.
Anselmo, después de pensar un momento, aceptó. Con el paso de los años la relación entre Anselmo y Marcela cambió en la intimidad pero siguieron manteniendo la apariencia de ser madre e hijo adoptivo.
Los años fueron dejando su marca en el cuerpo de Marcela mientras que el muchacho gozaba de la lozanía de su juventud.
Durante una estación de cosecha Anselmo no pudo dejar de mirar a Micaela. e insistió en que ella fuese la que recogiera las papas que él iba desenterrando.
Unos días después cuando Marcela extendió la manta y sacó el charqui, la tunta, la papa y mezcló el chaco con un poco de agua. Anselmo estaba cabizbajo pensativo sin querer probar bocado.
-Marcela, tú siempre serás alguien muy especial en mi vida, pero, yo he pensado que debo de seguir mi camino.
-Recuerda, yo soy tu mamá y tú eres mi hijo.
-Me apena decirte esto pero la Micaela me gusta, quiero pedirla en sirvinacuy; quiero empezar una familia. Me gustaría tener hijos y tú no puedes tenerlos.
Marcela entendió que Anselmo quería un hogar, deseaba un hijo que ella no le había podido dar. Entendió que era el momento de actuar como una madre comprensiva y no como la mujer despechada. No quería perderlo. Nunca lo había visto así, tan enamorado.
-El próximo domingo iremos a pedir a la Micaela. Llevaremos unas libras de hojas coca y una caja de cerveza y tú escoge un becerrito y una ovejita que les ofreceremos a sus padres. Diremos que deseamos s respetar las costumbres de nuestros ancestros y ella tendrá que venir vivir con nosotros.
Marcela y Anselmo fueron a pedir la mano de Micaela tal como habían planeado. A Micaela también le gustaba el Anselmo y aceptó el compromiso.
Los jóvenes se amaban, congeniaban y comprendían. Después de unas semanas Micaela anunció que estaba esperando un hijo. Anselmo desde ese momento parecía caminar en las nubes y se esmeraba en cuidar y mimar a la futura madre de su hijo.
Faltando poco para que naciera el bebé Marcela anunció que necesitaban vender algunos de los productos de su cosecha para poder adquirir lo que necesitaban para el bebé. Anselmo debería ir solo al mercado.
El domingo indicado, después de almorzar muy temprano, Marcela se encargó de preparar el coccahue para Anselmo, mientras que la pareja colocaba las cargas sobre las llamas y los burros entre bromas y juegos.
-No tardaré mucho -dijo Anselmo y salió arreando los animales; lo vieron perderse en el horizonte.
Micaela se fue a pastear el ganado y al regresar, escuchó que Marcela la llamaba al dormitorio.
- Micaela, hija te necesito, ven.
Cuando Micaela entró en el cuarto, Marcela comenzó a golpearla con una pala.
- Mala mujer, me has quitado mi marido, eres una mujer fácil.-le gritaba. Micaela por su avanzado estado de gravidez no podía defenderse ni correr de su atacante y pronto quedó inconsciente.
Marcela no paró hasta asegurarse de que estaba muerta.
Con la misma pala empezó a cavar una fosa cerca de los pies de la cama hecha de piedras y barro al estilo de los ancestros. La tarea era ardua, la fosa debía ser profunda o los perros desenterrarían el cuerpo.
Cuando estuvo satisfecha de la profundidad del hoyo comenzó a arrastrar el cuerpo de Micaela; estaba tan absorta en su labor que no vio llegar a Anselmo el que dio un grito de dolor y, sollozante corrió abrazar el cuerpo de Micaela.
-¡Qué has hecho con mi Micaela!
-Ella me robó mi marido- contestó Marcela con toda frialdad.
-No puedo denunciarte, tú me has ayudado cuando yo no tenía a nadie- sollozaba Anselmo viendo que no podía devolverle la vida a su amada. Resignado ayudó a enterrarla.
Con el paso de los días el dolor de la perdida fue disminuyendo y reanudó su relación de pareja con Marcela. Para explicar la ausencia de la joven esposa dejaron correr el rumor de que Micaela se había escapado a Bolivia con un amante.
Anselmo volvió a fijarse en Juanita otra joven muchacha a la que pidieron en sirvinacuy. Juanita y Anselmo no congeniaron y pronto comenzaron a discutir. Anselmo se cansó de las peleas y las discusiones y pidió ayuda a Marcela para solucionar esta situación.
Anselmo se escondió en el dormitorio y Marcela llamó a Juanita al cuarto. Cuando Juanita entró, Anselmo la golpeó en la cabeza y ambos continuaron golpeándola hasta asegurarse de que estaba sin vida; esperaron la noche para enterrarla en el corral, así los vecinos cercanos no los podrían ver mientras cavaban la fosa.
Llegaron unos años de sequía y los miembros del ayllu comenzaron a sentir los estragos de la escasez de sus cosechas. Los curacas se juntaron y preguntaron a las hojas coca, a los anchanchos la razón de la sequía. La respuesta fue que un miembro del grupo había cometido varios crímenes que no habían sido castigados por la ley de los hombres. Fueron descartando uno por uno todos los integrantes del ayllu hasta llegar a Marcela y Anselmo; les pareció insólita la cantidad de esposas que él había tenido en sirvinacuy y que habían desaparecido sin ningún rastro.
La explicación que ambos daban ya no les parecía aceptable y nadie se acordaba haber visto por sus tierras a hombres extraños en camino hacia Bolivia.
Los curacas pidieron una investigación legal. Al excavar los terrenos de la propiedad de Marcela se encontraron veinte cuerpos en diferentes estados de descomposición.
Marcela durante el juicio insistía entre sollozos que ella era la única culpable y que Anselmo era inocente de todo y suplicaba compasión para su hijo adoptivo.
-Esa mujer es la que ha hecho todo, yo no sé nada de lo que pasó a esas mujeres. Esa vieja es celosa y no quiere que me vaya. Yo no sé nada -insistía Anselmo sin inmutarse.
Se le pidió a Marcela, una frágil y delgada anciana que jalara un costal de papas con el peso equivalente a un cadáver y no pudo moverlo del sitio.
-¿Qué haces cuando quieres mover un bulto como ese? tú no puedes moverlo- le preguntó el Fiscal
-Yo tengo que llamar a mi hijo para que lo mueva- respondió Marcela.
Marcela y Anselmo fueron condenados a prisión perpetua.
Maria Fischinger
Del libro debajo del sol y la luna
viernes, 2 de enero de 2009
lunes, 22 de diciembre de 2008
Adiós
lunes, 15 de diciembre de 2008
Depresión
El silencio y abandono
permanentes compañeros del momento
ausente la luz del sol
extirpada la alegría
la risa silenciada
torrentes de lagrimas llegan.
Maria Fischinger
permanentes compañeros del momento
ausente la luz del sol
extirpada la alegría
la risa silenciada
torrentes de lagrimas llegan.
Maria Fischinger
lunes, 24 de noviembre de 2008
La oportunidad
Rosalía sonrió al mirar su imagen en el espejo. El velo de novia de su hermana Amalia le acentuaba su belleza. Si, sería una bella novia. Pensó en Juan Diego, alto, esbelto de facciones clásicas, de pelo negro ondulado. Él sería su novio, así lo había decidido el primer momento que lo conoció.
Rosalía, convenció a sus padres que ella remplazaría a su madre en la casa de Juan Diego y Amalia durante el tiempo del nacimiento del segundo hijo de la pareja. Rosalía se dedico al cuidado de pequeño Robertito, el nene mayor de la pareja y le dejo tiempo a Amalia para descansar y atender a Juan Diego. Los dos jóvenes esposos se veían tan enamorados y felices. El parto se presento mientras Juan Diego estaba en un corto viaje de negocios. Fue un parto complicado y largo, el bebé decidió sacar primero una de las manos, pero nació sano y saludable. La madre con la ayuda de la medicación administrada por el doctor quedo profundamente dormida
Rosalía vio su oportunidad, tomo una de las almohadas y se la puso sobre la cara de Amalia, la resistencia fue poca y Rosalía mantuvo la almohada hasta que se aseguro que Amalia ya no respiraba.
Rosalía salió del cuarto. Era mejor que otro descubra el cuerpo. Ella estaría en el dormitorio de los bebés, lista a llorar la muerte de su hermana y sobre todo para consolar a Juan Diego.
Maria Fischinger, Chicago @ 2008
Rosalía, convenció a sus padres que ella remplazaría a su madre en la casa de Juan Diego y Amalia durante el tiempo del nacimiento del segundo hijo de la pareja. Rosalía se dedico al cuidado de pequeño Robertito, el nene mayor de la pareja y le dejo tiempo a Amalia para descansar y atender a Juan Diego. Los dos jóvenes esposos se veían tan enamorados y felices. El parto se presento mientras Juan Diego estaba en un corto viaje de negocios. Fue un parto complicado y largo, el bebé decidió sacar primero una de las manos, pero nació sano y saludable. La madre con la ayuda de la medicación administrada por el doctor quedo profundamente dormida
Rosalía vio su oportunidad, tomo una de las almohadas y se la puso sobre la cara de Amalia, la resistencia fue poca y Rosalía mantuvo la almohada hasta que se aseguro que Amalia ya no respiraba.
Rosalía salió del cuarto. Era mejor que otro descubra el cuerpo. Ella estaría en el dormitorio de los bebés, lista a llorar la muerte de su hermana y sobre todo para consolar a Juan Diego.
Maria Fischinger, Chicago @ 2008
martes, 11 de noviembre de 2008
Voces
.........................Voces
...................sonidos fuertísimos
...........mensaje perdido en altos decibeles
..la concentración imposibilitada por el estruendo
.........................gritos
...................sonidos fuertísimos
...........mensaje perdido en altos decibeles
..la concentración imposibilitada por el estruendo
.........................gritos
jueves, 30 de octubre de 2008
Soledad - Pantoum
Vagando por las calles
evitando las sombras y los perros.
encontré la soledad desnuda
pidiendo suplicante una limosna.
Evitando las sombras y los perros,
Me acerque mientras ella estaba
pidiendo suplicante una limosna,
No deseaba compañía.
Me acerque mientras ella estaba
herida por el tiempo y la vida
no deseaba compañía
solo una limosna deseaba.
Maria Fischinger @ 2008
evitando las sombras y los perros.
encontré la soledad desnuda
pidiendo suplicante una limosna.
Evitando las sombras y los perros,
Me acerque mientras ella estaba
pidiendo suplicante una limosna,
No deseaba compañía.
Me acerque mientras ella estaba
herida por el tiempo y la vida
no deseaba compañía
solo una limosna deseaba.
Maria Fischinger @ 2008
jueves, 23 de octubre de 2008
Mujer India
Mujer India
con tu hijo en la espalda
continuas la ruta que tu abuela
emprendió.
Con paso firme caminas
por los Andes
a la vez que tus manos expertas
implusan la rueca
que baila sin parar.
La pachamama alimenta
tus sueños de libertad
y el padre Inti acaricia tu piel.
mientras tu alma vuela tan alto
como el cóndor.
Maria Fischinger
con tu hijo en la espalda
continuas la ruta que tu abuela
emprendió.
Con paso firme caminas
por los Andes
a la vez que tus manos expertas
implusan la rueca
que baila sin parar.
La pachamama alimenta
tus sueños de libertad
y el padre Inti acaricia tu piel.
mientras tu alma vuela tan alto
como el cóndor.
Maria Fischinger
domingo, 19 de octubre de 2008
Recorrido
Vestido con el pesado traje del tiempo,
recorre las calles de su barrio
persiguiendo su propio pensamiento
que vaga por esos lugares conocidos.
Su lento, inseguro y titubeante paso
denuncia que sus fuerzas lo abandonan.
Ese recorrido, !es una labor sobrehumana!.
El destino dictaminó que toda
huella de lozanía se quedara en
algún álbum de recuerdos.
Chicago@2008
recorre las calles de su barrio
persiguiendo su propio pensamiento
que vaga por esos lugares conocidos.
Su lento, inseguro y titubeante paso
denuncia que sus fuerzas lo abandonan.
Ese recorrido, !es una labor sobrehumana!.
El destino dictaminó que toda
huella de lozanía se quedara en
algún álbum de recuerdos.
Chicago@2008
viernes, 26 de septiembre de 2008
La adopción

Una foto del tiempo en que ocurrieron estos hechos. En la foto estan el
Dr. Adrian Cáceres Olazo, Maria y un sobrino.
Marcos y Maria entraron por el enorme portón plomo que daba entrada a un callejón empedrado con piedras negras y blancas que terminaba en un patio pavimentado de la misma manera.
A la derecha del Callejón estaba el estudio del abogado Driano Cáceres. Maria y Marcos se sentaron. Ella sollozaba silenciosamente y el semblante de Marcos denotaba una gran angustia.
Maria vestía una pollera negra, blusa blanca sobre la que llevaba un saco negro con mangas amplias recogidos en los puños. Una manta larga cubría su abundante cabellera peinada en dos sendas largas trenzas. Sobre de la manta tenia puesto un sombrero negro de estilo bombin.
Marcos vestía de un terno negro, una camisa blanca y un sombrero negro y ambos calzaban ojotas hechas de jebe de llantas de carro. Toda la vestimenta era de confección casera y denunciaba que eran comuneros o gente que vivía en ayllu, una organización heredada de los ancestros.
Cuando Dr. Driano Cáceres salió a recibirlos y Marcos le informo que su hija Jesusa de doce años estaba en el hospital desahuciada y que los doctores les habían dicho que lo único que quedaba era hacerle placentero los últimos días de la muchacha.
Marcos y Maria suplicaban a Driano para que recibiera a Jesusa en su casa y que él tratara de curarla.
- Recuerden que soy abogado y no médico, repitió varias veces Driano.
Marcos y María insistían en sus suplicas. Estaban desesperados los médicos del hospital les habían explicado que la septicemia se había generalizado. La infección había destruido el funcionamiento del ojo y el oído derecho. Los pobres padres solo tenían una sola esperanza...Driano. Marcos se arrodillo ante Driano y suplico.
- Papacituy, tú eres nuestra única esperanza.
- Uds. están esperando mucho, respondió Driano, mientras sus ojos se fueron llenando de lágrimas.
-Vamos al hospital, dijo Driano, después de dar ordenes de que se desinfectara el comedor de fiestas y se armara allí una cama.
En el hospital los médicos le dijeron a Driano que los padres se habían descuidado y era demaciado tarde, solo faltaba esperar el desenlace.
Una ambulancia trasladó a la niña a la casa de Driano.
La carita redonda y agraciada de Jesusa estaba deformada, la fiebre la hacia delirar. La pobre niña entraba y salía de la inconsciencia.
La septicemia era causa de una extracción de muela hecha por un curandero y de Jesusa no haber seguido las instrucciones de no masticar sólidos por un tiempo.
Un anunció por la radio convocó una junta de médicos en la casa de Driano a la que casi todos los médicos de la ciudad de Puno asistieron. Se discutió el caso y busco el mejor tratamiento para salvar la vida de la niña. El médico de la familia, el Dr. Luis Torres se haría cargo del caso.

Felicitas, una de las hijas de Driano seria la enfermera ayudada por las demás hijas.
Las medicinas se le aplicaban por medio de suero.
Después de unos días la fiebre fue bajando, la infección fue controlada, pero Jesusa llevaría toda la vida las cicatrices de la terrible infección.
Marcos y María dejaron a Jesusa como sirvienta por un año en la casa de Driano, ese seria el pago por la curación. Driano le pidió a su hija Maruja que tratara de ganarse el cariño de Jesusa y que le enseñara a leer.
La tarea no fue fácil. Maruja estaba en ese momento fascinada por los Miserables de Víctor Hugo y empezó a leerlos en voz alta a Jesusa.
-Y.. ¿Qué es eso?
Pregunto confundida Jesusa.
La barrera del idioma se interpuso. Maruja no hablaba aymará y Jesusa hablaba muy poco el Castellano.
Jesusa odiaba la luz eléctrica que según ella rompía el balance entre el día-tiempo de trabajar y la noche- tiempo de descansar y conversar.
Detestaba también la música de la radio que destruía el silencio.
- Mira como han arruinado el río, lamento Jesusa al ver que el agua salia del caño.
Al cumplirse el año, Driano expreso a los padres de Jesusa su deseo de adoptarla pero solo si ella también lo deseaba. Jesusa se puso a llorar.
-Me siento como un ratón en una caja de fósforos. Me gusta salir al campo ver la línea del horizonte y sentir que el viento me acaricia mi rostro, solo así me siento libre como los pájaros. Ir al rió y recoger agua viendo a cada instante a la creación del Tata Dios. Todo su semblante reflejaba que se sentía como un pez fuera de agua.
Jesusa regresaría a vivir con sus padres e invito a Maruja a pasar con ellos una temporada en su casa..
El caserío de Marcos y Maria constaba de tres cuartos construidos a la usanza de sus ancestros. Carecía de agua potable y de todas las demás facilidades de la vida moderna.
-Niña Maruja, vamos a recoger agua, Jesusa invito alegremente.
La fría amarillenta puna se extendía por el horizonte bajo un azul intenso. Se podía escuchar el canto de las aves y a lo lejos ver los picos de los andes. Un rió no muy ancho pasaba por delante del caserío y allí las dos niñas fueron a recoger agua en dos tachos de lata.
El sol era el despertador y la comida principal por la mañana, cada miembro llevaba su fiambre para el mediodía.
- Hoy llevaremos las ovejas a la pampa, anunció Jesusa
Jesusa estaba en control de la situación.
- Al sacar las ovejas del corral hay que contarlas, le explicó a Maruja.
Sacaron las ovejas y se dirigieron a la pampa.
Allí corrieron por entre la paja brava y buscaron dulces zancayos.
El semblante de Jesusa reflejaba seguridad y alegría.
Mirando al sol y la sombra que formaba Jesusa sentenció.
- Son las tres de la tarde y pronto tendremos que juntar las ovejas para arrearlas al corral.
La familia se volvía a reunir durante el crepúsculo. Todos se sentaban en un círculo alrededor de la manta donde Maria ponía la comida. Marcos contaban cuentos referentes a sus ancestros. Jesusa gozaba pidiendo a su padre que volviera a contar la misma historia una y otra vez. Y la adopción fue permanente Maruja viajó por el mundo pero una parte de su alma siempre sera Aymara.
* Una foto reciente del Dr. Luis Torres D. y su esposa.
Maria Fischinger @ 2004
Los violines de Lima , huayno anonimo - Girasol
domingo, 14 de septiembre de 2008
¡Nada - todo!

¡Nada!
Un sorbo de tiempo,
un fantasma recurrente,
una palabra,
una melodía
¡Todo!
Iluminado como por el sol de la tarde,
adornado con la risa de un niño,
detenida en la telaraña del laberinto
oscuro, sin esperanza,
borrando todo rastro del pasado.
Terminada la batalla.
La vida renace y florece al igual que los cerezos.
Madura como espiga dorada ondulante al viento.
Tañen los corazones, pulsante arena en una playa infinita.
¡Todo!
Al final...
silencio y...
¡Nada!
Maria Fischinger @ Bled, 2008
miércoles, 23 de julio de 2008
Transformación

Recorriendo el sendero de la vida
Al margen de vertiginosos abismos
y mareas de eventos que cual sismos
nos sacuden como bruma adolorida.
Vendavales de repasos transmutados
que adquieren la forma de palabras
encajando las líneas de poemas.
El alma esta zurcida con recuerdos
acumulados en cada tramo del destino
son pedazos de momentos transcurridos
que emergen de las plumas .
domingo, 20 de julio de 2008
Una vida

85 espigas resplandecen
en el paso del camino.
Fuego y lágrimas regaron
los pasajes de su destino.
Prisión y castigos corporales
afligieron su cuerpo juvenil.
Hoy serenos y calmados se deslizan los días.
Resplandecientes diamantes
coronan su sien
...sus hijas,
...sus nietas,
...su familia.
Maria Fischinger @ Bled, 2008
martes, 15 de julio de 2008
El mismo camino

.......................Saltó
......................brincó
.....................y corrió.
......Era el camino a la escuela.
.........Era el parque cercano.
Era el escenario de sus juegos,
..y el cómplice de sus amorios.
...El viento de guerra mundial
....lo llevo por tierras europeas.
.......Hoy con titubeante paso,
..........con la vista nublada
............las mismas calles
atestiguan la proeza del viaje dominical
....Noventa años dejaron su huella
........ y hurtaron la vitalidad.
Maria Fischinger@ Chicago, 2008
......................brincó
.....................y corrió.
......Era el camino a la escuela.
.........Era el parque cercano.
Era el escenario de sus juegos,
..y el cómplice de sus amorios.
...El viento de guerra mundial
....lo llevo por tierras europeas.
.......Hoy con titubeante paso,
..........con la vista nublada
............las mismas calles
atestiguan la proeza del viaje dominical
....Noventa años dejaron su huella
........ y hurtaron la vitalidad.
Maria Fischinger@ Chicago, 2008
lunes, 14 de julio de 2008
Abrazo de amantes

Miles de lengüetas recorriendo cada palmo de piel
Dedos descubriendo cada montículo y valle,
amantes abrazos acariciando ligeramente el cuerpo
y relajando el alma.
Olas de blanca espuma formándose y desvaneciéndose.
.................................
¡Gracias a Dios por un Jacuzzi!
Maria Fischinger@ Bled, 2008
martes, 24 de junio de 2008
Mi tierra, El Perú
La costa, el desierto,
arenas interminables,
lijar en las alas del viento.
Serpientes de oro que corren hacia el Pacifico.
Las papayas, las paltas, las chirimoyas,
el turrón de doña Pepa,
la mazamorra morada,
el cebiche, los anticuchos y buñuelos.
El vals, la marinera, y el landó.
La sierra, los andes,
montañas de picos nevados,
La mamapacha, el quechua y el aymará.
Andenes, fortalezas y chulpas.
La papa, la quinua, la oca.
La vicuña, la alpaca, la llama y el guanaco.
El charqui, el chuño y el cañiwuaco
El capulí y el zancayo.
El huayno, los Sicuris, la Kullaguada y Etc.
La madre selva,
celosa cuidante de sus criaturas.
Árboles abuelos,
pulmones del mundo.
Costumbres de antaño
que se viven hoy.
Generación moderna,
automóviles, aviones,
teléfonos, computadoras.
¡Oh mi amado Perú,
que Santa Rosa y San Martín de Porras
intervengan por tí!
!Oh, Señor de los Milagros,
protege tus hijos peruanos!
Maria Fischinger, Chicago @2005
arenas interminables,
lijar en las alas del viento.
Serpientes de oro que corren hacia el Pacifico.
Las papayas, las paltas, las chirimoyas,
el turrón de doña Pepa,
la mazamorra morada,
el cebiche, los anticuchos y buñuelos.
El vals, la marinera, y el landó.
La sierra, los andes,
montañas de picos nevados,
La mamapacha, el quechua y el aymará.
Andenes, fortalezas y chulpas.
La papa, la quinua, la oca.
La vicuña, la alpaca, la llama y el guanaco.
El charqui, el chuño y el cañiwuaco
El capulí y el zancayo.
El huayno, los Sicuris, la Kullaguada y Etc.
La madre selva,
celosa cuidante de sus criaturas.
Árboles abuelos,
pulmones del mundo.
Costumbres de antaño
que se viven hoy.
Generación moderna,
automóviles, aviones,
teléfonos, computadoras.
¡Oh mi amado Perú,
que Santa Rosa y San Martín de Porras
intervengan por tí!
!Oh, Señor de los Milagros,
protege tus hijos peruanos!
Maria Fischinger, Chicago @2005
jueves, 19 de junio de 2008
Incapacitada
Era sangre de su sangre y carne de su carne; tan pequeña, tan dependiente de otros y ella sabia que no estaba en condiciones para darle los cuidados necesarios.
Las facciones y tez de la pequeña le recordaban a los asaltantes que encontró en una esquina. Volvía a revivir los insultos, los golpes y con mucho esfuerzo bloqueaba el resto para no hundirse en la desesperación. Una mano le apretaba la boca del estómago y sollozante comenzaba a temblar incontrolablemente.
Su madre y su hermana se habían turnado para cuidar a la pequeña, pero hacia unos días que tuvieron que reanudar su vida y ahora ella se encontraba sola con la recién nacida. Se repetía que la pequeña era inocente de toda culpa, que su corazoncito había palpitado dentro de su cuerpo.
Se prometió que mañana la atendería; hoy no, hoy como ayer no podía hacerlo. Cerró la puerta para no escuchar el llanto y se metió en la ducha. Estuvo mucho tiempo como acostumbraba desde aquel día del asalto. Deseaba que el agua se llevara sus recuerdos. Tomó unas pastillas para ayudarla a dormir a pesar del lloriqueo. La precaución ya no era necesaria, el llanto cesó para siempre.
Maria Fischinger@ 2008 - Chicago
Las facciones y tez de la pequeña le recordaban a los asaltantes que encontró en una esquina. Volvía a revivir los insultos, los golpes y con mucho esfuerzo bloqueaba el resto para no hundirse en la desesperación. Una mano le apretaba la boca del estómago y sollozante comenzaba a temblar incontrolablemente.
Su madre y su hermana se habían turnado para cuidar a la pequeña, pero hacia unos días que tuvieron que reanudar su vida y ahora ella se encontraba sola con la recién nacida. Se repetía que la pequeña era inocente de toda culpa, que su corazoncito había palpitado dentro de su cuerpo.
Se prometió que mañana la atendería; hoy no, hoy como ayer no podía hacerlo. Cerró la puerta para no escuchar el llanto y se metió en la ducha. Estuvo mucho tiempo como acostumbraba desde aquel día del asalto. Deseaba que el agua se llevara sus recuerdos. Tomó unas pastillas para ayudarla a dormir a pesar del lloriqueo. La precaución ya no era necesaria, el llanto cesó para siempre.
Maria Fischinger@ 2008 - Chicago
lunes, 16 de junio de 2008
otoño
La isla de Bled en otoño - Foto de Tomaz Fischinger
Seria tarde, ¿no ves?
¡Qué hoy me ponga a trabajar,
no podría cosechar!
¡Es mi otoño,
y el invierno no tarda en llegar!
Labré, sembré y sudé
por el mañana que es mi hoy .
¡Mi ayer lo invertí en hoy!
Se escaparon mis días.
Mis afanes están al fin.
Ya no pienso en mañana,
ni en planear lo que vendrá.
Concluida la carrera.
Apagándose la antorcha
y mi barco por llegar
a las playas del destino.
¡Cuántos planes! ¡ Cuántos sueños!
Hoy solo canto,
por el ayer,
porqué estoy.
porqué soy.
por lo que me resta del mañana…
¡Qué no se si lo tendré!
Maria Fischinger @ Eslovenia 2006
Un bosque en otoño, foto de Thomaz Fischinger 
lunes, 28 de abril de 2008
Juanita
Cuando conocí a Juanita, la hermana del jardinero de mi padre, ella usaba la vestimenta tradicional de los naturales de la región andina y hablaba solamente la lengua aimara.
- ¿Para qué sirve esto? Preguntó asombraba al ver nuestra ropa interior.
Cuando cobró su primer sueldo se fue a mercado a comprar las piezas más finas que encontró y las empezó a usar. A Juanita todo lo moderno le fascinaba. Aprendió rápidamente el castellano aunque no perdió el mote o acento que marca a cada persona cuando aprende una lengua siendo mayor. La belleza física de Juanita atraía las miradas de toda la persona que la veían. Juanita tenía un pequeño bebé a consecuencia de una violación, Sergio el padre del niño la buscaba y constantemente le proponía matrimonio. Juanita despreciaba a Sergio, no le gustaba su físico ni lo que representaba.
Juanita conoció a un soldado del Cuartel Cachunde del que se enamoro perdidamente y caminaba orgullosa a su lado y repetía a todos los que la escuchaban.
-Este es el tipo de hombre que a mí me gusta.
El romance solo duró lo suficiente para dejarla con un segundo hijo. Sergio aprovechando el momento volvió a buscarla y a proponerle matrimonio y esta vez buscó el apoyo del hermano de Juanita. Sergio era dueño de unos terrenos y una cantidad de ganado en la serranía por lo cual tenía cierta solvencia económica.
-¿Qué será de ti? – lamentaba el jardinero, con dos hijos y sin marido.
- Cásate tú con el Sergio si tanto te gusta y lo quieres y a mi déjame en paz, era la respuesta de Juanita.
El hermano insistía sin cesar hasta que ella aceptó con resignación. Durante la ceremonia y la fiesta de matrimonio Juanita tenía el semblante sombrio y triste. Después de la fiesta los recién casados se fueron a los terrenos que eran de propiedad de Sergio. Los niños se quedaron en nuestra casa para darle oportunidad a la pareja de establecerse. Al día siguiente Juanita regreso a la casa muy agitada.
-Creo que maté a Sergio, sollozosaba.
Juanita contó que cuando estaban en camino al caserío de Sergio viendo la pampa desolada, su flamante esposo quiso tener un momento de intimidad. Ella se negó, el no quiso aceptar su negativa y la tumbó. Ella agarró una piedra y le golpeó en la cabeza. Allí lo había dejado desmayado cuando emprendió el camino de regreso a casa.
Juanita no se resignaba a seguir con este matrimonio.
-Yo solo dije si delante de un cura y eso no quiere decir que tengo que aguantar que este tonto me toque cuando él quiera. Yo dije que si, solo para que mi hermano me dejara en paz.Le cuidare sus ganados y mantendré su casa en orden pero que no me toque. Ese indio que vive en el Ayllu y no le gusta la ciudad, lamentaba la pobre recién casada.
Sergio, todo ensangrentado llegó varias horas después. Mi padre entendió que Juanita no conocía todo lo que implicaba el sacramento de matrimonio y le explicó a Sergio que no se podía forzar a Juanita a permanecer en esta unión.
-Juanita, ¿Qué deseas para tu vida? le preguntó cuando Juanita estaba más calmada.
-Quiero que mis hijos sean señores, que vivan en la ciudad, que asistan a la escuela, respondió Juanita.
Mi padre tramitó la anulación del matrimonio y ella comenzó a juntar dinero para irse a Lima.
Varios años después cuando pase por Lima, vi una pareja de jóvenes paseando por el jirón Arequipa. La joven comenzó a correr repitiendo
- Niñita, niñita, soy Juanita y este es mi esposo….
Ellos se habían casado por lo civil solamente, se habían comprado una casita y un carro. Estaban educando a los hijos de Juanita y a los que ellos tenían juntos.
- Lo conseguí niñita, gracias a tu tata, mis hijos serán caballeros y no indios me susurro Juanita al despedirse.
Maria Fischinger @2006
- ¿Para qué sirve esto? Preguntó asombraba al ver nuestra ropa interior.
Cuando cobró su primer sueldo se fue a mercado a comprar las piezas más finas que encontró y las empezó a usar. A Juanita todo lo moderno le fascinaba. Aprendió rápidamente el castellano aunque no perdió el mote o acento que marca a cada persona cuando aprende una lengua siendo mayor. La belleza física de Juanita atraía las miradas de toda la persona que la veían. Juanita tenía un pequeño bebé a consecuencia de una violación, Sergio el padre del niño la buscaba y constantemente le proponía matrimonio. Juanita despreciaba a Sergio, no le gustaba su físico ni lo que representaba.
Juanita conoció a un soldado del Cuartel Cachunde del que se enamoro perdidamente y caminaba orgullosa a su lado y repetía a todos los que la escuchaban.
-Este es el tipo de hombre que a mí me gusta.
El romance solo duró lo suficiente para dejarla con un segundo hijo. Sergio aprovechando el momento volvió a buscarla y a proponerle matrimonio y esta vez buscó el apoyo del hermano de Juanita. Sergio era dueño de unos terrenos y una cantidad de ganado en la serranía por lo cual tenía cierta solvencia económica.
-¿Qué será de ti? – lamentaba el jardinero, con dos hijos y sin marido.
- Cásate tú con el Sergio si tanto te gusta y lo quieres y a mi déjame en paz, era la respuesta de Juanita.
El hermano insistía sin cesar hasta que ella aceptó con resignación. Durante la ceremonia y la fiesta de matrimonio Juanita tenía el semblante sombrio y triste. Después de la fiesta los recién casados se fueron a los terrenos que eran de propiedad de Sergio. Los niños se quedaron en nuestra casa para darle oportunidad a la pareja de establecerse. Al día siguiente Juanita regreso a la casa muy agitada.
-Creo que maté a Sergio, sollozosaba.
Juanita contó que cuando estaban en camino al caserío de Sergio viendo la pampa desolada, su flamante esposo quiso tener un momento de intimidad. Ella se negó, el no quiso aceptar su negativa y la tumbó. Ella agarró una piedra y le golpeó en la cabeza. Allí lo había dejado desmayado cuando emprendió el camino de regreso a casa.
Juanita no se resignaba a seguir con este matrimonio.
-Yo solo dije si delante de un cura y eso no quiere decir que tengo que aguantar que este tonto me toque cuando él quiera. Yo dije que si, solo para que mi hermano me dejara en paz.Le cuidare sus ganados y mantendré su casa en orden pero que no me toque. Ese indio que vive en el Ayllu y no le gusta la ciudad, lamentaba la pobre recién casada.
Sergio, todo ensangrentado llegó varias horas después. Mi padre entendió que Juanita no conocía todo lo que implicaba el sacramento de matrimonio y le explicó a Sergio que no se podía forzar a Juanita a permanecer en esta unión.
-Juanita, ¿Qué deseas para tu vida? le preguntó cuando Juanita estaba más calmada.
-Quiero que mis hijos sean señores, que vivan en la ciudad, que asistan a la escuela, respondió Juanita.
Mi padre tramitó la anulación del matrimonio y ella comenzó a juntar dinero para irse a Lima.
Varios años después cuando pase por Lima, vi una pareja de jóvenes paseando por el jirón Arequipa. La joven comenzó a correr repitiendo
- Niñita, niñita, soy Juanita y este es mi esposo….
Ellos se habían casado por lo civil solamente, se habían comprado una casita y un carro. Estaban educando a los hijos de Juanita y a los que ellos tenían juntos.
- Lo conseguí niñita, gracias a tu tata, mis hijos serán caballeros y no indios me susurro Juanita al despedirse.
Maria Fischinger @2006
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